¿Qué imágenes te vienen a la cabeza al pensar en Turquía? Probablemente (dejando problemas políticos de lado) alguna de éstas:

  1. La Mezquita Azul o Santa Sofía.
  2. Un turco cortando un rollo de kebab a 350 grados.
  3. Terrazas blancas como la nieve cubiertas de agua azul turquesa.

Hoy no te voy a hablar de mezquitas ni de durums dobles, sino de esas terrazas indescriptibles, a medio camino entre lo real e imaginario, conocidas como Pamukkale.

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¿Dónde está Pamukkale?

Este paisaje “nevado” se ubica al oeste de Turquía, en la región de Denizli, a unas 3 horas en coche de la costa oeste (Izmir) y de la costa sur (Antalya) y a tomar por culo de Estambul (620km).

Para que te ubiques mejor, te dejo este planito que se explica por sí solo:

Como puedes comprobar, Pamukkale se encuentra en medio de «la nada» y es aquí cuando llega la pregunta del millón:

¿Merece la pena realizar un viaje de tropecientas horas en coche/bus o coger un avión para visitarlo? 

Todavía no te voy a responder (jujuju, risa maligna ?), voy a empezar por el principio, contándote qué es Pamukkale y por qué este lugar es tan conocido.

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Pamukkale: el castillo de algodón

Castillo de algodón (Pamukkale en turco), es el nombre con el que sus habitantes y medio mundo conocemos este capricho de la naturaleza.

Quizá te estés preguntando…«¿Por qué la montaña parece estar nevada? ¿Hay 200 turcos contratados para pintarla cada verano de blanco? ¿ La han recubierto de algodón de feria?»

El origen de esta extraña formación geológica proviene de los terremotos y movimientos tectónicos que tuvieron lugar en esta región turca. Fruto del «meneo» que sufrió  la zona se abrieron fallas por las que comenzaron a emanar aguas termales.

Estas aguas contienen un alto contenido de «creta», una roca sedimentaria blanca con la que se hacen, por ejemplo, las tizas. ? La precipitación de estas aguas origina este paisaje tan particular que parece sacado de una peli de «Ice Age».

La explotación del lugar por el hombre se remonta a tiempos de maricastaña.

Los romanos, muy fans del pitorreo, el descanso y la buena vida no se lo pensaron dos veces al ver la posición estratégica del terreno y las aguas termales que bañaban las laderas; en un «plis plas» levantaron una ciudad del coplero: Hierápolis.

Los años siguieron corriendo y la raza humana, para variar, la lío parda.

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¿Qué le ha ocurrido a Pamukkale?

A Pamukkale le ocurrió lo mismo que a cualquiera de las costas del Mediterráneo; con la llegada del turismo de masas, los hoteles se «vinieron arriba» y comenzaron a construirse instalaciones a diestro y siniestro.

Todos querían ofrecer a sus clientes las mejores piscinas con aguas termales y como consecuencia, gran parte de las piscinas naturales comenzaron a secarse.

Para subir hasta los «maravillosos hoteles» sin sudar la gota gorda, construyeron una pista asfaltada cargándose gran parte de los travertinos.

Si a todo esto le sumas:

  • El jabón que utilizaba la gente para darse sus bañitos.
  • La gasolina de los coches y motos que tenían acceso libre al parque.

El resultado ya te lo puedes imaginar: maravilla de la naturaleza convertida en truño por el hombre.

Cuando la UNESCO puso sus ojos en Pamukkale su cara tuvo que ser esta:

 

Pamukkale Turquía

Viendo el desastre en el que se había convertido el lugar, se derribaron los hoteles y se puso en marcha un plan de recuperación de las terrazas y piscinas naturales.

La carretera se inhabilitó y sobre ella se crearon varias piscinas artificiales que poco a poco se fueron recubriendo de ese manto blanco tan característico. Éstas, son las únicas piscinas en las que actualmente puedes darte un baño.

En 1988 la zona fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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¿Merece la pena visitar Pamukkale?

Es probable que después de leer todo esto te estés preguntando: «¿Merece la pena viajar hasta allí?

Mi respuesta es SÍ.

A pesar de que la mayor parte de las piscinas están vacías para fomentar su auto-recuperación y blanqueamiento natural, observar el conjunto impresiona.

Viajar implica descubrir nuevas emociones y pisar descalzo ese manto blanco es una de ellas.

El primer pensamiento que tendrás al descalzarte (obligatorio) será: «eso tiene una pinta de resbalar que jode». Puedes estar tranquilo, no resbala NADA.

La sensación que experimentarás al pisar el travertino es muy curiosa, diferente, algo que nunca había sentido en mis pies. El manto blanco actúa como una especie de ventosa, da igual que el agua corra por las laderas sin parar, que saltes o des brincos…¡no te vas a caer!

Otra de las razones de peso para viajar hasta este recóndito destino turco es contemplar el atardecer, uno de los más bonitos que he visto nunca. El paisaje «nevado» se transforma en reflejos de mil colores sobre las aguas turquesas de las piscinas, una chulada.

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¿Cómo llegar a Pamukkale?

Tal como te vengo contando, no es sencillo viajar hasta los travertinos. En las rutas más habituales no pilla de paso así que no te quedará más remedio que viajar expresamente hasta allí para visitarlo.

¿Qué opciones tienes?

  • Avión: desde Estambul tienes vuelos directos (1 hora de duración) hasta Denizli, el aeropuerto más cercano.
  • Autobús: depende en qué lugar de Turquía te encuentres los autobuses son un buen medio de transporte para llegar hasta Pamukkale. Si vas en pareja y no te quieres separar de ella reserva con unos días de antelación si puedes. ¿Por qué? Los asientos se dividen en mixtos y no mixtos,  y los primeros vuelan como la espuma entre los turistas. Es decir, si eres mujer tendrás que sentarte con otra mujer y viceversa…da igual las veces que le digas a la paisana que el otro es tu novio y quieres viajar con él, «na nai» de la China…sin comentarios. ? Las líneas de autobús, unen Pamukkale tanto con Estambul como con Göreme en Capadocia, eso sí, 8-9 horitas de bus no te quita nadie.
  • Coche: siempre puedes coger un coche de alquiler y realizar el recorrido que quieras a tu aire. Aquí puedes comparar los precios de varias compañías y reservar directamente.
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Entre ruinas romanas: Hierápolis

Cuando te hayas aburrido de estar a remojo y de alucinar con el paisaje puedes acercarte hasta la parte superior de la montaña donde se encuentran los restos de una gran urbe romana: Hierápolis.

No necesitas ningún plano para visitar el yacimiento, puedes recorrerlo a tu aire ya que todos los restos arqueológicos disponen de paneles informativos.

El teatro está muy bien conservado y es una P-A-S-A-D-A, aunque no se puede acceder a la parte inferior ni al escenario.

Sentarte en una de las gradas de piedra e imaginarte en ese mismo lugar hace 2000 años… no tiene precio.

Hoy en día ya no contemplo viajar sin datos en el móvil para poder mirar Google Maps, pillar un Uber o lo que sea que necesite.

En Europa con el roaming gratis ya no hay problema pero en Turquía lo tienes chungo pastel. O compras una sim con datos o te pasas medio viaje buscando wifi como loco.

Lo que ocurre con las SIM que puedes encontrar en los aeropuertos es que «pierdes» durante esos días tu número de Whatsapp y tienes que estar cambiando la tarjeta todo el rato para ver quién te ha escrito.

Si viajas por libre, te recomiendo que eches un vistazo a las tarjetas de datos de Holafly ya que mantienes tu Whatsapp y si reservas desde aquí tienes un 5% de descuento.

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Info útil

  • Precio: La entrada incluye el acceso a las ruinas romanas de Hierápolis.
  • Horario: de 8:00 a 20:00.
  • No te olvides las gafas de sol si no te quieres quedar ciego.
  • Ni loco vayas a visitar Pamukkale en verano sin una gorra o pañuelo para cubrirte la cabeza.
  • Lleva calzado cómodo de quita y pon ya que para caminar por las pozas tendrás que descalzarte.
  • Bañador y toalla para darte un chapuzón, el agua está a 37 grados.
  • Protector solar si no quieres acabar como un cangrejo.
  • La piscina de Cleopatra en la que puedes darte un baño entre restos de columnas romanas es un poco turistada. La entrada cuesta 30 liras y lo único que tiene de exótica es el nombre ya que se encuentra rodeada de bares.
  • Reserva una noche en alguno de los hoteles de Pamukkale para poder disfrutar del atardecer.

Ojo, otra cosa que NUNCA te puede faltar si viajas por libre es un seguro de viaje. Sí, yo también he viajado en el pasado a lo loco pensando que nunca me iba a ocurrir nada pero… “al que anda le pasa”. Esto es como las vacunas, por favor, coge un seguro, el que más rabia te de pero lleva siempre uno. Si lo reservas desde aquí, tienes un 5% de descuento por ser lector de este blog.

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