—Ave, María Purísima.

—CON pecado concebida.

Tras pronunciar la contraseña secreta, la puerta giratoria comienza a desplazarse sobre su eje.

Das un paso al frente para introducirte en la abertura y empujas suavemente la barra de metal para que siga girando mientras caminas al mismo tiempo.

Una carcajada imprevisible sale de tu garganta.

Tu imagen en la puerta giratoria te ha hecho recordar a esos ratones que pasan su vida corriendo en una rueda.

Gracias a Dios esta puerta tiene una salida. La salida al paraíso.

Museo Chicote Ava Gardner | Rojo Cangrejo Blog de Viajes

Achinas los ojos ligeramente para conseguir ver algo. El humo de los mejores puros habaneros y el olor a cigarrillo te trasladan de un plumazo a tu Carolina natal.

 Tu mente se llena de recuerdos de la infancia, imágenes de ti misma con siete u ocho años corriendo por los campos de la plantación de tabaco.

museo chicote bar madrid | Rojo Cangrejo Blog de Viajes

Durante estos segundos de retroceso al pasado, de forma inconsciente, has sacado de tu pitillera un cigarrillo.

Una mano desconocida aparece entre la humareda y te ofrece fuego con una cerilla encendida.

—Gracias, muy amable—, respondes con tu marcado acento sureño y una sonrisa pícara.

—Ahhhhh—, exhalas una bocanada de humo. Tener un cigarro en la mano te relaja tanto como hacer el amor.

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Sigues caminando entre la humareda con paso firme hacia el “confesionario”.

Conoces perfectamente su localización. Has pasado allí tantas horas que podrías llegar con los ojos cerrados desde cualquier punto de Madrid.

Tan solo queda un asiento vacío en el lugar donde cada noche se expían los pecados. Dejas tu bolso en una esquina y te sientas.

Mientras esperas tu turno observas el ambiente.

A tu derecha, una parejita de jóvenes se susurra palabras al oído mientras sus manos se pierden bajo la ropa de ambos.

Escuchas risas y carcajadas procedentes de la zona más oscura del local. Una de las voces te resulta familiar y giras tu rostro buscando una cara conocida.

Allí está.

—Ay, Ernest… ¡eres tan vicioso como yo!—, piensas al mismo tiempo que una carcajada vuelve a salir de tu garganta.

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—Ava, Avaaaa—, escuchas tu nombre a lo lejos, como si estuvieses en mitad de un sueño.

Giras de nuevo tu cuerpo 180 grados con la imagen de Ernest en tu retina.

—¡Buenas noches Ava!

—¡Hi Perico! respondes con una sonrisa de oreja a oreja.

Sin mediar más palabra, Perico saca una copa helada, una botella de Martini, otra de vermouth y comienza su ritual.

En un par de minutos descansa sobre la barra un Dry Martini perfectamente ejecutado. Con un gesto cómplice lo desliza lentamente hacia ti.

Dry Martini | Rojo Cangrejo Blog de Viajes

—Aquí tienes Ava, tu zumo rejuvenecedor.

—¡Gracias Perico! You know me like nobody.

Coges la copa y le das el primer sorbo con los ojos cerrados.

—Mmmm, ¿existe algo mejor que esto?—, piensas.

—¿Qué tal todo Ava? ¿Hoy tienes algún pecado confesable?—, pregunta Perico.

Os unís en una carcajada que llama la atención de la parejita de acaramelados. Cruzas tu mirada con las suyas durante una milésima de segundo mientras das otro sorbo a tu Martini.

Te sonríen y tú a ellos. La demostración del amor es un tema tabú en la España de los 50 y estas guaridas nocturnas son un refugio para la pasión adolescente.

—Sí, Perico, sí—, continúas.

—Hoy me he enamorado de nuevo pero Frank no debe enterarse de nada—, susurras desde la barra.

—Se llama Luis Miguel, es torero. ¡Cómo me gustan los toreros Perico!

—Ava… te absuelvo de todos tus pecados. Sabes muy bien que mis labios están sellados.

Una sonrisa se dibuja en tu cara y en la suya.

Acercas de nuevo la copa a tus labios para darle un sorbo y en ese momento sientes una mano que acaricia tu espalda.

Te giras rápidamente y tu rostro se queda inmóvil con los ojos abiertos de par en par.

—Mi… Miguel—, consigues pronunciar tímidamente.

—Hola Ava. He venido a pecar contigo y no hay mejor lugar para ello que Museo Chicote.

Chispún.

Este es un final con el que podría terminar (o mejor dicho comenzar), una noche cualquiera en la vida de Ava Gardner entre 1954 y 1968.

La diva americana se enamoró de España, de su fiesta y su noche y cómo no del lugar en el que todo era posible en la España de los 50 y 60, el bar de las estrellas, el Museo Chicote.

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coctelería museo chicote | Rojo Cangrejo Blog de Viajes

Al frente de la primera coctelería de España estaba un relaciones públicas que ya quisieran las mejores discotecas del mundo: Pedro Chicote (Perico para los amigos).

Antes de seguir, borra con estropajo la imagen que acaba de llegar a tu cabeza. No estamos hablando del Chicote amante de los trajes de cocinero imposibles… no.

Hubo un Chicote todavía más famoso en la España de tus abuelos.

Se llamaba Perico y por su bar pasaron todos los famosetes de la época: Dalí, Ernest Hemingway, Sofía Loren, Gary Cooper, Orson Welles, Audrey Hepburn, Frank Sinatra,  Charlton Heston, Bette Davis, Gregory Peck, Grace Kelly, Rainiero de Mónaco, y cómo no, Ava Gardner.

Chicote y Dalí | Rojo Cangrejo Blog de Viajes
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Chicote y Ava Gardner | Rojo Cangrejo Blog de Viajes

Entre sus tesoros estaba una colección de más de 20.000 botellas que guardaba con recelo.

Tan solo se tienen noticias de una ocasión en la que se ablandó para regalar una de sus preciadas botellas. El suertudo fue el doctor Fleming, descubridor de la penicilina.

museo chicote historia | Rojo Cangrejo Blog de Viajes

Quizás te estés preguntando:

–Aha, Marta, muy bien, muy bonita la historia de cameos fusión española-hollywodienses pero… ¿este lugar existe hoy en día? ¿Dónde está Museo Chicote?

Sí.

Puede que hayas pasado millones de veces por delante de su famosa puerta giratoria sin saberlo.

Museo Chicote está en el cogollito de Madrid, en el número 12 de la Gran Vía y lo mejor de todo es que sigue conservando su mobiliario Art Decó, tal y como lo vieron Ava, Sinatra o Hemingway.

Cruzar su puerta es meterte historia de España y de Hollywood en vena.

¿A qué estás esperando para confesarte con uno de sus cócteles?

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Museo Perico Chicote | Rojo Cangrejo Blog de Viajes

P.D. Muchas de las escenas de la famosa película Arde Madrid están rodadas en Museo Chicote.

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2 comentarios en “Museo Chicote: el confesionario de Madrid